ISLA DEL DINERO.
Ésta es la historia del tesoro enterrado en la isla del dinero, que miente en el sonido de Greenville, no lejos de Wilmington, Carolina del Norte. Fue dicha por Sr. Jonatán Landstone hace muchos años, y es una parte de otra historia cuál sigue, y cuál explicará algo más lejos sobre la pequeña isla misteriosa que los centelleos en la luz del sol y los intentos a la piel su secreto. Las palabras son Sr. Landstone y fueron escritas por él, para cerciorarse de que la historia sería contada correctamente cuando el tiempo vino publicarla. (Ms de Sr. Landstone) Mi abuelo vivió en Charleston, S.C. Mi hogar está en Philadelphia. En mi adolescencia lo visité varias veces. Él era un viejo hombre fino, y estaba muy encariñado con mí. Él me contaba muchas historias de los buenos viejos días coloniales. Él dicho su padre era pirata; pero que los piratas en esos días eran caballeros. Aunque hicieron el juego del rédito del rey en los mares altos, fue mirado como nada muy incorrecto; y, aunque jugaron estrago con el envío español, era solamente la aserción de una derecha consagrada de los ingleses, que nunca amaron a españoles. Eran, mucha de ellos, colgado ingloriously, es verdad, pero estaba por los oficiales del rey, y no por la gente. Sin embargo, para no defender a piratas, o para condenarlos de hecho, te diré lo que narró mi abuelo sobre su padre, que era capitán Juan Redfield. Él era un marinero galante, que consorted con la paleta de Charles y otros corsairs valientes de esos días del romance sobre los mares. Cuando capitán Kidd abandonó a comisión del rey para funcionar abajo de los piratas en la costa americana, y organizó a su escuadrilla formidable, eligieron a capitán Redfield como su consejero confiado en, para acompañar al líder brillante en sus aventuras. Él dio para arriba su propia nave, y estaba con capitán Kidd en muchos viajes, siendo confiado con muchos una comisión de la importancia. Una mañana fina del resorte, mientras que de la costa de Carolina, capitán Kidd establecía el paso de su cubierta, gozando del esplendor caliente de la sol temprana. Él acababa de volver de un viaje acertado entre las colonias españolas del sur, y era alegre attired después de la manera de un cavalier español. Él usó un sombrero amartillado, decked con una venda amarilla y un plume negro, y una capa del terciopelo negro que alcanzó abajo a sus rodillas. Sus pantalones eran azules, y fueron adornados por las rodilla-hebillas de oro grandes. Él usó hebillas de plata masivas en sus zapatos. Con el suyo bien-proporciónó el cuerpo, barba cuidadosamente ajustada, y se estabilizan, los ojos alertas, él presentó tan muy bien un cuadro de un hombre como habría podido dondequiera ser encontrado. Su manera tenía la dignidad y el descanso de un príncipe beneficent, pues él dio sus órdenes para el día y recibió los saludos de sus hombres.