Él ocupó la segunda historia de la casa. No. 38, - una de esas viviendas pasadas de moda, tales como ellos no construyen no más, puesto que la tierra se vende en doce cientos francos el metro cuadrado; en cuál allí no es el ningún stinting del espacio. Las escaleras, con balusters del hierro labrado, son anchas y fáciles, y los techos doce pies de alto.
“Por supuesto, sabemos el M. Favoral,” contestó cada a las preguntas del criado; “y, si había siempre un hombre honesto, porqué, él es ciertamente el. Hay un hombre a que usted podría confiar en con sus fondos, si usted tenía cualesquiera, sin el miedo el suyo escurr siempre a Bélgica con ellos.” Y fue explicado más a fondo, ese M. Favoral era principal cajero, y probablemente, también, uno de los accionistas principales, de la sociedad de crédito mutua, una de esas instituciones financieras admirables que se han originado con el segundo imperio, y que habían ganado en la bolsa la primera instalación de su capital, el mismo día que el juego del golpe de estado era jugado en la calle.
“Sé bien bastante el negocio del caballero,” comenté a criado; ¿“pero qué clase de un hombre es él? Eso es lo que quisiera mi primo saber.”
El vino-hombre en no. 43, el más viejo comerciante de la calle, podían contestar lo más mejor posible. Un par de petits-verres ofrecido cortésmente pronto comenzado su lengüeta; y, mientras que sipping su coñac:
“M. Vincent Favoral,” él comenzó, “está un hombre algún fifty-two o tres años, pero quién parece más joven, no teniendo un solo pelo gris. Él es alto y fino, con las barbas aseado-ajustadas, los labios finos, y los ojos amarillos pequeños; no hablador. Toma más ceremonia para conseguir una palabra de su garganta que un dólar de su bolsillo. `Sí,' No. del `,' bueno-mañana del `,' bueno-tarde del `; ' que está sobre el grado de su conversación. Verano e invierno, él usa los pantaloons grises, una vestido-capa larga, zapatos atados, y lisle-rosca guantes. 'Pon mi palabra, debo decir que él todavía está usando muy las mismas ropas yo sierra sobre la suya parte posteriora por primera vez en 1845, yo no sabía que él hace que dos juegos llenos sean hechos cada año por el concierge en no. 29, que es también sastre.”
“Porqué, él debe ser un viejo miser,” murmuró a criado.
“Él es sobretodo peculiar,” continuó a comerciante, “como la mayoría de los hombres de las figuras, él se parece. Su propia vida se gobierna y se regula como las páginas de su libro mayor. En la vecindad lo llaman vieja puntualidad; y, cuando él pasa a través del Rue Turenne, los comerciantes fijaron sus relojes de él. La lluvia o el brillo, cada mañana del año, en el movimiento de nueve, él aparece en la puerta en la manera a su oficina. Cuando él vuelve, usted puede ser seguro que es entre veinte y veinticinco minutos más allá de cinco. A las seis él cena; a las siete él va a jugar un juego de dominós en el Café Turc; a las diez él viene a casa y se va a la cama; y, en el primer movimiento de once en la iglesia del St. Louis, hacia fuera va su vela.”