V ¿Adelantado del por del información del recibido del había del comisario del EL del ¿? ¿olor bajo sospechar del EL del solamente del dirigió del de del hábito del EL del ¿o peculiar un profesión de hombres de su de los los, cosa del cada de y, inverosímil de los más del la del parece del SE del que de incluso de que? De todos modos él se expresó en un tono de la certeza absoluta. Los agentes que habían acompañado y asistido te en el suyo investiga guiñaban en uno a, y el reír nerviosamente estúpido. La situación los pulsó como algo agradable. El otros, el M. Desclavettes, el M. Chapelain, y el M. digno Desormeaux mismo, habrían podido atormentar sus cerebros en inútil para encontrar términos en donde para expresar el immensity de sus asombros. ¡Vincent Favoral, su viejo amigo, pagando cachemiras, diamantes, y sistemas de la sala! Tal idea no podía entrar en sus mentes. ¿Para quién podían tales regalos princely ser pensados? ¡Para una amante, para una de esas criaturas redoubtable que la suposición representa agacharse en las profundidades del amor, como monstruos en el fondo de sus cuevas! ¿Pero cómo podría imaginar al cajero metódico de la sociedad de crédito mutua llevada por una de esas pasiones insanas que no sabían ninguna razón? ¡Arruinado jugando, quizás, pero por una mujer! ¿Podía representar lo, tan casero y tan claramente aquí, St. Gilles del Rue, en el jefe de otro establecimiento, y de conducir a otra parte en uno de los cuartos brillantes de París, una vida imprudente, tal como terror de la huelga en el pecho de familias reservadas? ¿Podría entender al mismo hombre inmediatamente miserly-económico y enojado-prodigal, storming cuando su esposa pasó algunos centavos, y robando para proveer los costos de una aventurera, y recogiendo en las cuentas mismo el cajón del joyero y las cuentas del carnicero? “Es el clímax de la absurdidad,” buen M. murmured Desormeaux. Maxence sacudarió bastante con cólera. Mlle. Gilberte lloraba.