“Debo haber sido equivocado,” ella pensé, rindiendo unconsciously a la influencia de la evidencia impresa. Y ninguna objeción ocurrió a ella, cuando, algunos días más adelante, su marido te dijo, “Tengo la situación que deseé. Soy cajero principal de la compañía de quien M. de Thaller es encargado.” Ése era todo. De la naturaleza de esta sociedad, de las ventajas que te ofreció, no una palabra. A propósito en cuál él se expresó hizo solamente a juez de Mme. Favoral que él debe haber sido tratado bien; y él la confirmó más lejos en que opinión concediendo te, de su propio acuerdo, a algunos francos adicionales para los costos diarios de la casa. “Debemos,” él declaró en esta ocasión memorable, “honramos a nuestra posición social, lo que puede costar.” Por primera vez en su vida, él se parecía heedful de la opinión pública.